
Andanzas indescriptibles hemos gozado en cuartos llenos de secretos, desde los mas tiernos hasta los más sucios, hemos visto a vírgenes y a no tan santas, a avergonzadas y desvergonzadas, hemos tenido amor y simplemente sexo, hemos tenido gritos y lágrimas, pero todos recuerdos in canjeables por el corazón de agradecidos visitantes de este invento tan maravilloso, el HOSTAL.
Sea de para buenas o de para malas, el hostal se ha vuelto amigo entrañable de hombres fieles y escondite mal interpretado de hombres adulterados.
No es hora de juzgar, es hora de agradecer a las paredes por su silencio y al recepcionista por su discreción. Es hora de bailar de alegría porque existe un lugar donde amar es natural.
Hoy me di cuenta de que muchos de mis mejores momentos los he vivido encerrado desnudo en un cuarto, acompañado de una mujer hermosa, también desnuda, donde no importa nada más que el sentimiento de pareja; ese sentimiento de tenencia que enamorados y locos saben lo que significa.
Enrique Frutos Corrales
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